TETE
Lunes, Octubre 8th, 2007
Prologo
Al caer la noche, como de costumbre, se puede ver a Manuel, balanceándose a su desazón en uno de los dos sillones del portal, abanicando la nostalgia con algún pedazo de cartón, mientras exhibe por encima de la camiseta hecha de saquito de harina, imitando a las camisetas Perro, una cadena de oro, sosteniendo una gran medalla con la Virgen De La Caridad del Cobre, tal vez como lauro por los aciagos embates a lo absurdo, y sobre las huellas de una interminable y exigida anegación del oscuro rostro, una corona blanca por haber vivido en la historia.
La casa es de una madera casi centenaria; y sabia es la naturaleza que hasta el comején parece tenerle racionado el alimento en ese trastornado país. Quizás sea esa la razón por la que él piensa que todo lo de antes es mejor, pues, salvo algunas pocas tablas que ha tenido que reemplazar con viejos trozos de zinc, se ha mantenido en muy buenas condiciones, y más ahora, con la pintura que le puso hace poco; eso fue cuando a Pipito se lo llevaron preso por el invento de pintura casera; pero de eso, sacando bien la cuenta…, hace como 16 años.¡La verdad que el tiempo se va volando en aquella monotonía!
TETE
! Óyeme, estaban perdio…!
No, no. Si vinieron a joder mejor se van al carajo, que hoy tengo la presión a millón.
Ehhh?
Sí como no, ustedes me quieren: debajo de un puente y con un ladrillo amarrado en el cuello; que tú crees de eso Antonio?
!Vaya vieja: traba aquí. Mira, hablando hoy de malanga y los chama te trajeron unas libritas.
De donde sacaron las cervezas esta?
!Ahhh!, se las compraron a Pipo, el de la piloto. Y el pan con jamón, también lo compraron allí?
!De madre! Esa gente están haciendo, sendo billete con el lió ese del paladar. Ahora que veo el pan con Jamón, me acorde de Teté y del chino Flore.
Ehhh?
!Coño! Teté, el hermano de Ramón el carnicero. Al que le dicen Atentado Tabacalero.
Aja, ese mismo, el marido de la negra Josefa. El pobre Teté. Termino tuberculoso palcarijo. Ni pulmones yo creo que le quedaron después que paso la enfermedad. Es que ese Teté ha vivido namá que pa fumar tabaco y pa comer, tú. Tremendo elemento que son el y el chino Flore, Muchacho, enfermo los dos a la cometa y a la fumadera; pero el Teté lo que tiene con el tabaco, no tiene nombre. Ese Teté toa la vida se a hecho unos tabacones que parecen hombres. Mira que la jodienda esa le ha costao cara; pero a ése, ni quemándolo deja el vicio.
¿Ehhh…?
Que me pregunten a mi, pa que tú vea si ese Teté no tiene su historia. Asegúrate que el Teté si es de mi época. Teté, el chino Flore y yo, llegamos jovencito aqui al barrio. No por gusto yo le llevo pulla a to el mundo en esta loma, sabe. Desde entonces los conozco a ellos; pero aresultaser, que nosotro sacamos guara de verdad, cuando nos llamaron pa hacer entrenamiento en una movilización de esa, tipo servicio militar, y toco la casualidad que cuinsidimo junto en el grupo. Muchacho, cuando aquello los entrenamiento estaban a tutiplén por tos lao.
La cosa empezó en el teatro Mella que esta en el Vedado. Allí nos dieron una despedía tipo delegación Rusa, por to lo alto. Helao, pan con jamón, refresco y de to tipo de comidas de esas que han muerto con la revolución; y cuando llegamos a Isla De Pino, mi ecobio, el recibimiento fue por to lo bajo,! Pa su madre! El Teté entodavía no había llegado y ya le estaba preguntando al jefe del grupo:
- ¿oye acere, como es la cuestión aquí de la jama?
Ahorita viene un camión cargado pa ustedes. Le contesto el tipo, y Teté se pensó que aquello… era tipo hotel al aire libre, tu me entiende. El ni se imaginaba que la Civeria era un centro turístico al lado de aquello.
Mira mi hermano, como a las dos horas se empieza acercar un guajiro en un carretón de mulo, y el guardia empezó a gritarnos…
- !Acotéjense que llego la comida!
Oyendo aquello y el come come de Teté mirando pa mí como un trueno, fue la misma cosa.
- Y ese es el famoso camión? ! Ay Dios! Tú vera. Esto me huele a hambruna.
Así mismo fue mi socio, sabe. De entrada, el atuendo que traía el mulo era un semillero de moscas verde que parecía una alfombra persa adornándole el lomo. Tú veía que movía el rabo, y los moscones verde aquello se le disparaban mejor que aviones de combate tomando vuelo, y con la misma, en cuanto se estaba quieto, volvían a aterrizar otra pal aeropuerto que tenia por lomo. El mulo viejo aquel estaba que le pedía permiso a un pie pa mover el otro. Y cuando por fin llegó, se bajo el guajiro del carretón y empezó a repartir la jama, que aquello estaba peor que una comida de presidio angoláno. Óigame, nos dieron unos frijoles negros que parecían balas de salva nadando dentro de un cubo de agua, y un pan que no tenía desperdicio pa aflojar diente. Imagínense que aquel guajiro, de una libra saco treinta-idos lascas, Una tela de cebolla era más gorda que la rebanada de pan aquella que nos dieron. No, no, de madre. Figúrate que la leche en polvo, el tipo la echaba en unos bacitos con tremenda puntería. A cucharadita por cabeza. Cuando tú le quitaba el amasijo de gorgojos que tenía, te quedaba con menos de la punta de una cuchara. El caso fue que ya yo estaba cabrón, y en una de esa le metí una de las mía al guajiro…
- Y a como toca el agua, mi socio?
- A no, sin lió. De esa te puedes tomar toa la cantimplora si quiere que no hay restricciones.
Sí, sí, el aqua era pa incharno como a un sapo, tú me entiende, Pa que no protestáramos, vaya, Y quién te dice que el Teté, que era tremendo pestífero a la comida, se le reviro al guajiro, diciéndole:
- Que amables son ustedes, los comunistas, Vaya, pa que no se diga que la revolución carese de agua, no verdad?
Y con la misma se le acerco al Chino, echando por su boca flore.
-Hacer, yo sin fumar y sin comer aquí no me quedo, pa que tu lo sepas.
Ban, y el chino Flore, mirando que estábamos rodeado por tremendo bando e chivaton, no le da mucho largo y se pone a conversar conmigo en lo que esperábamos el camión que nos venía a buscar, pa llevarnos pal lugar de entrenamiento.
La cosa era que, el Teté se había ido pa la Isla, pensando que la movilización era pa lo de la salida del país, porque el era ex-preso político; y cuando me di cuenta, lo saque enseguida del error.
- No Teté, esto aquí es un campo de practica, tipo servicio militar, y no te revire porque vas a ir en cana.
Muchacho, entodavía no había terminado de decirle, cuando entraba el camión a recogernos; y se a apeao un teniente que parecía un bolchevique en atención. El erecto le puse yo. Si aquel tipo se le rompía un zapato, ni se enteraba, porque siempre estaba derechito como una vara. Perro y sangrón como pa el solo. Y el comemierda de Teté, en su desesperación por zafarse de aquello, se le acerco al buldog aquel, nameno que pa decirle que el se iba del país, que esas practicas el no tenía que hacerla. Mire, compadre, si usted ve aquello, se mea de la risa. El Teté se le a parao al tipo al lao, imitándole el respeto militar, y le decía:
- Teniente, yo …
- !Pa la fila!
- El problema es que…
- !Pa la fila, dije!
- Mire yo…
- Si vuelve a abrir la boca, lo sanciono.
Esa fue la suerte; porque si al Teté lo dejan hablar, hubiese salio preso ahí mismo. Menos mal que le vino bien el jarabito de componte y se puso en fila con nosotro. Al poco rato nos montaron en el camión aquel, y ya usted sabe; monte adentro con nosotro como en las buenos tiempos de los rebelde. Y pa acabar de completar, cuando llegamos, nos dice el teniente:
- Mañana los espero en fila aquí mismo, a primera hora, pa que vayan a trabajar.
- ¿Como que a trabajar?
Le pregunto el Teté, al teniente.
-Sí, a trabajar. Aquí hay que picar mármol por la manana y por la tarde, al entrenamiento militar. Tú, tiene algún
problema con eso?, compañero.
- No, ninguno.
Que problema iba a tener, si esa misma noche nos fugamos de la cárcel de Arcatra aquella.
- Aya los que se queden. Yo si no voy a trabajar, pa nadie. Y esa gracia de éste. Que doble el lomo él si quiere mármol, me oíste.
Me decía el Teté entre dientes y namá que oscureció, el bando de los que nos fugamos , doblaba la cantidad de los que se quedaron. Salimo tremendo grupo por toa la guarda raya aquella. Y quién te dice que amaneció, y de carretera ni tolete. Muchacho, en medio de manglares fue donde amanecimos. Y el Teté parecía que estaba de expedición! Se quito la mochila batistiana que llevaba enqancha en la espalda, y parao frente a un tunelsito lleno de agua que estaba pegao a un manglar, le decía al chino Flore:
- Mira, agarra la mochila y parquéate en una de las salidas del túnel, que yo boy a entrar por la otra con un mocoyo de
yerba que voy hacer, pa ir ahuyentando las ranatoro que hay allá adentro. Y tú namá que abre el saco pa que vayan
entrando, que cuando lleguemo al barrio vamo a meter tremendo enchilao de anca e rana.
La verdad que a ese Teté se le ocurrían cada cosa. Bueno, así mismito lo hicieron. Pero, aresulta que el tunelsito era bien estrecho, entonces, había que entrar y salirle de frente hasta el final, porque allá dentro uno no se podía virar. No había espacio, tú me entiende. Entoce, el Teté se mete pal túnel y el chino se paro del otro lao con la mochila abierta. Y efectivamente , la ranatoro estaba zata allá dentro. El Teté caminaba y el Chino echaba rana padentro e la mochila a las dos manos, coño. !Hum!, quién te dice a tí que cuando más embullao estaban, el Teté paró el impulso que traía, diciéndole al chino Flore:
- Aguanta, aguanta, que estoy puesto pa unos ojos, que me están mirando fijo.
Ban, y el Chino se queda mirando, pa ver si veía algo, pero no veía na, y le dijo a Teté:
- Eso debe ser una ranatoro que esta sanqa, consorte, dale, pa ver si acabamo de salir echando pal barrio.
Alabao, entodavía no había terminao de decirle, cuando sentimo tremendo estruendo dentro del túnel, y ese Teté a soltao el mazo yerba, gritándonos a to volumen:
- !Rana toro, su madre!, iAtaja!, que es tremendo caimán y me quiere dar diente.
Muchacho, ese Teté salio de aquel túnel marchatra, tiempo comedia silente. El socio cogió mas rapidez que si lo hubiesen jalao con una soga por la espalda, y majatra, el caimán, que tenía el largo de una guagua llena de presidente. Aquel laqarton la verdad que estaba imponente; y cuando vio el reguero de gente, se afilo y se dio una manda parriba de nosotro, del coño e su madre. De ampangin, en menos de lo que canta un gallo, se formo una gritería y una clase de jelengue, que pa que contarte. Yo fui el primero en subirme en un mata de mango, mejor que si hubiese sio un puñetero gato. Y ya allarriba, estando a salvo, se me salían los peo que parecía que estaban tocando el danzón de El Cadete Constitucional. Por tu vida, !que clase de cajetilla tenía el caimán ese! Parecía una yena. Tú lo veía namá que dando vuelta, a ver a quien era al que iba a calimbar pero por suerte se puso fatal. Un matancero que estaba en el grupo, era mas camajan y lo calimbo a el. Le callo en cima como un batallón de guerra y lo descuartizo en menos de díez minuto. !Ño!, en la repartidera de carne lo único que alcance pa traer fue la cola, porque pase mas trabajo pa bajarme de la mata que un forro de catre.
Después del rebuelo aquel, salimo tumbando otravés, hasta que tropezamos con una patána que venía paca pa la habana; y como no había de otra, nos clavamo dentro de unos tanque de melones que le estaban montando. De puñeta fue el calor y la desesperación que pasamo en la bodega aquella. Después de haber estao como dos horas allabajo, por fin arranco el cachivache aquel, que iba con una rapidez más lenta que el caballo de Atila. Como doce horas nos echamo de la Isla a la Habana, pa que tú sepa.
Entonce, el Teté de jamaliche como siempre, empezó a comer melones a los dos manos, y el Chino encabronao ya, por la mescochera y el reguero de semilla que tenía formao adentro del tanque, le decía:
- Oye Tete, vas a coger descomposición consorte. Deja la comedera, que el melón afloja.
Y tú te cree que él le iso caso?. Como si con él no fuera. El tipo siguió metiendo melón a los dos bandos. Y quién te dice que como a las tres hora, empieza el Teté con los retorcijone y las descomposiciones de estomago. Oiga, se metió una clase peo que por poco ahoga al chino a dentro del tanque.
- !Dale, dale a soltar pallabajo!, Porque si la sueltas aquí, te ahorco, pa que tú lo sepa.
Ese Teté, cada quince minuto tenía que salir del tanque porque parecía una pila cuando se le va la zapatilla. Caqó toa la bodega y todavía le quedaba mierda adentro. A toas esa , sin un cacho e papel pa limpiarse. Muchacho, cuando iso la primera bajada y se fue a colar de nuevo pal tanque, el socio espantaba mejor que una mofeta. Y el chino le gritaba con tremendo encabronamiento:
-!Oye! ni te atreva a subir. Arranca con tu peste a letrina vieja, a buscar otra cueva.
Se formo tremenda richota. El Teté se metió pa otro tanque, y parecía un cachumbanbe en el baja y sube que se traía. En esa estuvo, hasta que lo trabaron en el brinco, y nos llevaron a tos pa la parte de arriba de la patána; y allí, tuvimo la suerte de que el guardia era buena gente y no se nos encarno. Le hice el cuento del caimán y el tipo termino dándonos unos bocaditos y una martina a cada uno. El tipo parece que era comunistón por conveniencia y ya cuando estábamos llegando, nos dijo:
- Ahora cuando esto pare, se Pierden y yo ni los he visto.
Así fue: en todavía no nos habíano bajao y ya estábamos desapareció de to esos contorno. Entonce, el Chino traía una estilla y le dijo a Teté.
- Ponte pa el primer Chevi que vea que yo traigo un billete y no estoy ahora pa coger guagua.
!Ban!, al poco rato aparece un Chevi y nos montamo. Quién te dice a tí, que en el primer semafaro que nos cogió, el Teté se pone pa un viejo que estaba fumándose un tabaco en la parada de la guagua…
Sí, sí, sí…, ese Teté le volaba el tabaco a cualquiera. ¿Por que tú te cree que cogió tuberculosis?. Atentao tabacalero le pusieron aquí en el barrio. Muchacho, cuando el vio el tronco e tabaco que tenía el viejo en la boca, miro riéndose pal Chino y le dijo :
- Mira que clase de tabaco; me esta tentando.
Y con la misma, el muy degenerao le dijo al taxista:
- Arrímate a la parada y dale suabesito.
- !Oye Teté, parece mentira!
Le dijo el Chino, pero que va, él no desistió en su idea fija y con la misma, el taxista, ajeno a lo que iba hacer el Teté, arrimo el carro a la parada, y el Teté saco la mano y le levantó el tabaco al viejo de una manera que lo dejo con la boca abierta y arrascándose la cabeza. Y el taxista cuando vio el pase, empezó a reírse y con la misma le pregunto al Teté:
- ¿Por que le hisite eso?
- Pa ayudarlo, consorte. Si yo no se lo quito, de todas manera por el tabaco ese lo matan par de cuadra más parriba. Que tú piensa que es un tabaco de ese largo, con la situación que hay? Que le de gracias a Dios, si lo que le echo es un favor.
Y con la misma, halo por la cuchilla que tenía en el bolsillo, le quito la parte de arriba al tabaco y empezó a echar humo dentro del taxi. El Teté iba muerto de la risa porque el taxista no fumaba, y le decía espantándose la humasera de la cara:
- !Parriba, mi socio, parriba! Saca la cabeza por la ventanilla y has como las chimeneas de industria, suelta el humo parriba.
A la verdad que ese Teté era un caso. Pero tú vera, aparte de la tuberculosis, en lo que le resultó la pación por el tabaco. Otrave, un día de víspera de San Lázaro, nos vamo el Chino, el Teté y yo, pal Rincón De San Lázaro. Mira, de entrada, le echo el ojo a un cabo e tabaco que había en la entrada y namá que lo vi halar por el saquito….
Sí, sí, el tipo andaba con un saquito que tenía un hueco por un lao y cada vez que veía un mocho e tabaco, le tiraba el saquito con disimulo, enroscaba y pal fondo. Entonce, en cuanto lo vi namá que medio sospechoso, le dije:
- Como te atreva a recogerlo, más nunca tomas ni aqua en mi casa.
!De madre! Tú sabe lo que es recoger un cabo e tabaco en el Rincón, a sabiendas que al lao esta el hospital de los leproso. Entonce, cuando Teté vio que yo le estaba hablando en cerio , con tremendo dolor se olvido de aquello y entramo pal Rincón. Óigame, era tanta la obsesión con el tabaco, que el Teté no respetaba ni a lo santos. Arrodillao frente a la imagen de San Lázaro, enfilo la vista pal lao, y nos dijo al Chino y a mí
- Como me gusta a mi venir aquí al Rincón. Mira que macito e tabaco más lindo le han puesto al San Lázaro.
Figúrate tú, no nos quedo más remedio que reírnos.
Después de la misa, que se acabo como a la una y media de la tarde. Salimo paca pal barrio, y en el camino nos dice Teté: - Vamo, que los voy a invitar a merendar. !Fíjense!, a merendar, que lo que tengo son vente caña namá.
- Ta bien, acere, no nos los tiene que especificar tanto.
Le dijo el Chino y con la misma, empezamo a afilarno los Diente. Claro, si ese Teté caminaba con los codos. Raras
veces se le podía coger algo. El caso fue que, nos metimo hacer la cola en la cafetería que estaba en la terminal del Rincón. Ban… y nos ponemos a pillar a una vieja que estaba detrás de nosotro, toa sucia, con un solo diente y un jabuco e saco enganchao en el hombro. La verdad que la vieja estaba cabrona. Entonce, cuando estábamo ya pa entrar, el Teté, que había estao mirando pa dentro de la cafetería, me dice:
- Ojalá que nos toque la mesa que se acaba de vaciar. !ño!, tiene tremendo cabo e tabaco en el cenicero. Si nos dan esa, me lo hecho.
!Óyeme!, yo no te exagero. Ese Teté lo que tenía con la comida y el tabaco era terrible. Pregúntenle a la gente de aquí del barrio, pa que tú vea si no es verdad. Bueno, en eso, se nos acerca uno de los camarero, y nos dice:
- Ahora mismo se me vacío una mesa pero me hace falta que se sienten aunque sea con otro más, porque esa mesa es pa cuatro personas.
En esa salta la vieja y le dice al tipo:
- Yo misma soy esa que falta.
De tranca espantarse aquella vieja pero nos dio pena decirle que no, y metimo mano con ella puri padentro. Mira muchacho, a la famosa mesa ni la habían limpiao entodavía. Y la vieja agarro un pedazo de bocadito que habían dejao y se lo espantO y majatra tomo refresco de un baso que habían dejao por la mitad. Muchacho, cuando la vieja se estaba limpiando la boca, el Teté estiro la mano pal cenicero y nos dijo sin ningún tipo e pena.
- Déjenme enganchar el mocho e tabaco, !porque si fuma!, se lo lleva también.
Y ahí, ya tu sabe, empezamo con la bochinche y la jodedera. El Teté empezó a decir que la vieja era una tiñosa y una bruja. Pa hacerte el cuento corto, esa tarde cuando llegamo al barrio, el Chino se coló pa en casa de la hermana de Ñunga que entodavía no se había ido pal norte, y le puso dos peso al pájaro prieto en la bolita. Me recuerdo que jugo un parle y hizo un candao. Y quién te dice que se saca, mi socio.
Y al otro día por la tarde, el Chino partió pa en casa de el Teté conmigo, y lo conbidamo pa que nos llevara a un cabaret. Imagínate, ese día habíano amanecio enmasao y estábamos loco por darno unos cañangaso y tirar par de pasillo, pero como uno tiene aquí mismo el Liceo de Regla, la verdad, jamás en la vida el Chino y yo habíano salío a cabaretear por ahí, y confiando en el Teté, que se hacia el de los cabaré, pues lo fuimos a buscar pa que nos indicara.
Me recuerdo que ese día, ibano tos con guayaberas puesta. Bueno, pa acabar el cuento, el Teté nos llevo pa un cabaré que ni me acuerdo como se llamaba. Cuando llegamos, abrimos la puerta, y había una oscuridad que aquello parecía la boca de un lobo, Lo único que se veía entre la oscuridad, eran las chismosa de aceite que habían prendía arriba de las mesas, y el Teté que en su repuñetera vida había ido a ningún lao, nos dijo:
- Vamos a agarrarno unos con otro por la cintura y caminen alzando bien los pie, que aquí hay escalera, pero no me recuerdo en donde están. No vaya hacer que no vayamo a caer aquí adentro.
! Ay muchacho !, escaleras ni un carajo, si allí lo que había antes de llegar a las mesa era un pedacito de pasillo, y va que jode. Si tú nos ves, caminábamos padentro en medio de la oscuridad aquella enganchaos unos con otro, tipo cadeneta de carnaval, pa su escopeta. Y en eso, nos alumbran con una linterna, y oigo a uno de los meseros con tremenda risa decirle a otro que estaba al lao de él:
- Y Pa endonde van el bando de guajiros guayabuos estos, marchando?
Y con la misma, nos preguntó:
- ¿Cual es la cuestión? ¿Por que caminan así?
- Buscando las escaleras, pa no caerno en la oscuridad.
Le contesta el Teté, que iba de vanguardia, y el tipo se le echo a reír en la cara, diciéndole:
- ¿Que escaleras mi socio? Si aquí no hay escaleras.
Que clase de papelaso hisimo ese día, por culpa de el Teté, compadre. Ese cabrón no ponía una, coño. Eso toa la vida a sio bruto y vulgar a no decir más. Y déjenme decirles que es tremendo enfermero. Vaya, que la brutancia esa que tiene encima es de nacimiento, porque el tipo estudió. Pero el pobre, después de todo tampoco tiene suerte. A ese Teté to se le complica.
Miren, déjenme contarles que el Teté se llevo tremendo susto con el lio de fachar tabaco, saben. Por ahí por el liceo vivía una santera, que ya hace un tiempo permuto pa Punta Brava, que era un dolor de huevo la tipa aquella. Mamita Calabozo, le puso el marido, porque había estao hasta presa por bisnera; y le hacia cada cuento a la gente pa venderle las cosas, que aquello no tenía nombre. Entonce, con el lio de la santería, ella siempre tenia un bembé. Cuando no era un santo, era una misa, pero siempre había fiesta. El diablo y la vela era aquello y ella siempre me invitaba.
Aresulta que ella mete una fiesta de Élegua, y me avisa pa que yo llevara a los bisnieto. Ban, ese día me levante temprano y salí pa en vuelta del parque, donde vive mi nieta, a recoger los chama; y como a las dos de la tarde, me le colé en la fiesta a Mamita calabozo. Cuando llego, al primero que me encontré fue al Teté con los hijos y cuando ya estaba la fiesta en ambiente, el Teté me dijo:
- Mira que adornito más lindo tiene el Élegua que esta atrás de la puerta.
Muchacho, yo mire despistao, pero cuando apunte bien la vista, ensalto el tabacón que estaba al lao del Élegua, y le dije:
- Oye Teté, tú no te vayas a atrever, que tú sabe como es la Mamita, pa los santo.
- Na, si yo namá que lo estoy detallando. Esta lindísimo y se ve que es torcido a el estilo casero. Fíjate que ni anillo tiene.
Si, sí. EL tipo, desde un avión te dice la marca y la hechura, sin necesidad de anteojos, tú me entiende. Una
maquina de rayos X es lo que tiene en la vista, el socio.
Imagínate a donde llega la obsesión, que el muy degenerao, me decía mirando pal tabaco…
- ! Que va !, olvídate. Yo tengo que practicar la cuestión esa de la fuerza mental o inventar un imán de tabaco, pa enganchármelo en los ojos y cada vez que vea uno, decirle: !Tabaco! ven a mi
El andova en su desesperación estaba coma el cuento del liciao: levántate y anda, iDe madre, el Teté ese.
La cosa acabo que sin que nadie se diera cuenta, él se fue con el tabacón de la fiesta. Y se puso tan fatal, que al otro día, a Mamita calabozo se le monto el muerto a primera hora por la mañana. Y que ese muerto se identificaba como un negro cerrero. Enfermo al café sin azúcar y al tabaco. Y Mamita ya monta le decía al marido:
- !Yijo! un tabaco pa este pobre negro. !Sia, carj…!
Y el marido de la Mamita, se desprende patra de la puerta que las patas no se le veían; porque la cosa era que el muerto cuando pedía y no le daban, se reviraba y la Mamita calabozo acababa toa golpea. Mira muchacho, quién te dice a tí, que el único tabaco que había en la casa era el que le tenían puesto al Élegua; y el tipo buscaba y volvía a buscar, pero na. Que coño iba a encontrar, si el Teté seguro que ya lo estaba acabando de digerir en los pulmones. En eso, sale la hija de Mamita del cuarto, que estaba chiquitica, pero lo hablaba todo, y el padre, ya desesperao porque Mamita se estaba desguasando sin compasión contra la pared, le preguntó:
- Tú no cogiste el tabaco del Élegua?
- No, yo no. El Tete se lo pidió emprestao ayer en el cumpleaños. Yo lo vi, y me dijo que no digiera na.
Ya tu sabe, el tipo le fue pa encima a Mamita, con un pomo de agua vendita y le desapartó la materia como pudo. Y cuando
ella reacciono, el tipo le hizo el cuento. Mira, la Mamita Calabozo cogió tremenda cuerda, y decía
- Que se aprepare por haberle cogió las ofrendas al Élegua. Ahora mismo lo voy a discutir, y la que lo va a prender como a un tabaco boy hacer yo.
Y con la misma, raja pacarriba y se me cuela en el portal diciéndome:
- Manuelon, voy hacer una media aquí contigo y namás que pase el Teté por la calle, le boy a sacar un susto que más nunca en su vida, fíjate como te digo, se va a atrever ni a encender otro tabaquito.
Compadre, cuando dijo lo del tabaco, ya yo sabía que el Teté le había dao; pero trate de no sequir encendiendo candela, tú me entiende. Con la misma, díceme ella, levantándose la manga larga de la blusa que traía puesta:
- Mira pa esto. Mira los morao que me ha echo el muerto, tirándome contra las paredes, porque no había tabaco pa darle. Y to por culpa del ratero de Teté; Pero tú veras. Déjalo qua caiga, pa que tu vea.
Pero, yo pensando que lo que le iba a dar era un escándalo, ni caso le hice y con la misma, le dije a la vieja que hiciera café. En eso se aparéese el Teté, con su cajita de herramienta que iba a hacer un trabajo en casa de Eulalia, pa que le diéramos café coma toa las mañana. !Ay mi madre!, cuando esa Mamita Calabozo lo vio, jalo par el jabuco que había tirao en el piso y saco una botella de alcohol, y con tremenda calma lo dejo que se acercara. Mire mi socio, namá que el Teté se acomodo en la columna esa, se a parao y lo baño de pie a cabeza con alcohol, y con la misma ensalto por una caja de fósforos. Mira, ese Teté se a dao una desprendía que parecía un carro de bombero buscando autopista, y la Mamita atrás de él. Entoce, yo mirando el atentao aquel, me embalo también detrás de ella, y cuando hago por quitarle los fósforos, me dice la muy degenera:
- Déjame Manuel, que yo no le boy a hacer na. Yo namá que lo estoy asustando, pa que aprenda a respetar aquí en el barrio.
Ban, y la dejo que se desarrolle, pa gozar yo también, que carajo. Pero que va, la risa que le entro a la Mamita, no la dejaba ni correr y el Teté en su desespero ni patra miraba. Quién te dice que cuando llega en su despetronque a la esquina de la bodega, aresulta que el bodeguero, estaba encarramao en una escalera, apuntalando la esquina del papel de techo que estaba medio levantao, y cuando el Teté vio el escalerón, empezó a subirse y allarriba se dio tremenda traba con Alberto que estaba casi en la punta de la escalera. En el forcejeo cayeron los dos pabajo como dos paloma cuando le meten par de pedrá, y ahí ya tú sabe: el Alberto se paro con la cabeza echando sangre y cogió a Teté por el cuello, y se dieron una enreda los dos que aquello fue de espanto. Aquella Mamita estaba alborota, y en vez de ayudarme a desapartar, le gritaba a Alberto:
- !Patéalo to, pa que no haga más atentao tabacalero, el elemento este!
Y ahí empezó el basilón en el barrio. Por eso fue lo del nómbrete de atentao tabacalero, por la bronca que el tuvo con
Mamita y el Alberto. Hasta el sol de hoy, tú pregunta por Atentao y en el acto te traen pa casa de Teté.
Después cogió tuberculosis, que estuvo de lo más mal, el pobre. Pero na, cada rato tú te entera de algún cuento de un tabaco que se facho porque olvídate, árbol que nace torcido jamás su tronco endereza.
Bueno, ya boy a dormir que la visita se quiere ir. Vayan con Dios. Mañana, nos vemos.
!Oye Pipito!, bájate de la cerca coño, que me la vas a romper. Mira, !ya la jódite Cojollo! Ya me tienen cansao. No venga más a joder aquí. Délen a acabar pa otro lao. Y tú, Pipito, procura inventar madera con que arreglarme la cerca. Mira es más, no me arregle na, vaya; pero no se aparezcan por aquí, por lo meno en un año. Partía de desconsideraos que son to.
No, no, Antonio. Ahora sí es en cerio. No los quiero más en mi portal. Que vayan a mortificar a otro, que coño…
Hasta manana Antonio, que descanse.
Maura Luque
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